Soluciones Reales

Los Cuidadores de Home Instead – Mejor en Casa proporcionan a sus clientes compañía y contacto humano individual que reducen la soledad y les aportan una calidad de vida más allá del cuidado básico tradicional. A través de ese tipo de relación humana, las personas mayores tienen a alguien con quien hablar y que les dé apoyo – alguien que puede ser a la vez cuidador y amigo.

Son las pequeñas cosas las que más echan de menos y más necesitan los mayores. Con frecuencia, los Cuidadores de Home Instead cumplen la función de complemento familiar para así ayudar a cubrir las necesidades de sus clientes.

Estos son algunos de muchos ejemplos:

Algo más que “cuidados”

Cuando Home Instead - Mejor en Casa comenzó a dar servicio a una pareja de 80 años, el marido acababa de ser dado de alta del hospital. Su mujer no se sentía muy bien y parecía sobrepasada al tener que cuidar de él. La Cuidadora daba asistencia al marido y, cuando éste se quedaba dormido, se dedicaba a mimar a su mujer. Ayudó a la mujer mayor a arreglarse el pelo y a escoger los pendientes y collares que se iba a poner. Las dos comenzaron a hablar de la música de los 30 y 40, y en poco tiempo ya estaban cantando juntas. Cuando la Cuidadora terminaba su turno, la mujer ya no paraba de cantar.

Llenando el Vacío

No nos llevó mucho tiempo darnos cuenta de que una clienta de 60 años de edad padecía unos dolores constantes. Sufría varios problemas de salud y un nervio seccionado en la espalda. La clienta se alimentaba con comida “basura” y padecía ataques depresivos. La Cuidadora se dio cuenta de que la mujer no era más que una persona muy sola que no recibía suficiente atención. Así que la Cuidadora se puso a buscar lo que tenían en común: descubrió que ambas tenían personalidades similares así como historias muy parecidas. La Cuidadora comenzó a hacer la compra para prepararle alimentos saludables y a acompañar a la clienta a sus citas médicas. Como resultado la mujer ha tenido una mejora drástica, no sólo en su estado físico, sino también en su condición mental y emocional.

Hacer Amigos

A juzgar por la manera en que se llevan un Cuidador y su cliente, uno pensaría que habían sido amigos toda la vida. Juntos van a restaurantes, tiendas y conciertos y pasan el verano cuidando el jardín. Pero esa relación no fue buena desde el inicio. Al principio el Cliente no aceptaba al Cuidador. Así que el Cuidador tuvo que hacer un esfuerzo extra, interesándose más por el cliente y con la determinación de involucrarse en la vida del mismo. Al cliente le gusta dar paseos y relaconarse con otras personas, así que los dos pasean juntos por el parque. “Realmente disfruto de verle,” dice el Cuidador. “Se ha convertido en un segundo padre. Hemos avanzado mucho.”

Cómo eran las cosas

El representante de Home Instead nunca olvidará la primera vez que vio la casa: oscura, lúgubre y deprimente. Latas de cerveza apiladas en lo que algún día había sido un hermoso jardín. Dentro vivía el cliente – una mujer mayor enferma terminal de cáncer. Su hijo sufría problemas de salud. Una Cuidadora se puso a trabajar en ayudar a organizar la limpieza de la casa y el jardín de arriba abajo, sacando bolsas de basura y limpiando la nevera. Preparaba alimentos para su cliente y, cuando el tiempo lo permitía, la sacaba al jardín. La clienta se puso tan feliz que los vecinos comenzaron pronto a visitarla de nuevo. Cuando su hijo vio todo lo que había hecho la Cuidadora, dijo: “Así es como eran las cosas antes.”

Una razón para levantarse por la mañana

Era una mujer de 84 años que pasaba sus días en una residencia asistida sin hacer casi nada, encerrada en su soledad. Recientemente se había mudado de la casa y barrio donde había vivido durante más de 40 años, y sentía como si estuviera perdiendo su independencia. El personal de la residencia intentaba animarla a que se incorporara a las actividades, que socializara con el resto de los residentes y que saliera en las excursiones organizadas, pero ella no tenía ni ganas de abandonar su habitación. Fue entonces cuando una Cuidadora de Home Instead hizo un gran descubrimiento. Descubrió que la mujer sentía debilidad por algo; las cosas dulces, y más específicamente por las ensaimadas con cabello de ángel. Así que cada vez que visitaba al cliente, la Cuidadora le acompañaba las cuatro calles que había hasta la pastelería para comprar una ensaimada, o tal vez, una caracola. “Un día la clienta me dijo: ‘nunca había tenido una costumbre tan entretenida. Ahora tengo una razón para levantarme por la mañana y disfrutar del día,” contaba la Cuidadora.

Siempre que nos necesite

El viaje a Tierra Santa había sido un tipo de experiencia religiosa para la mujer de 70 años. Pero en vez de regresar contenta, estaba deprimida – deprimida porque quería morir para poder estar con el Creador. Su depresión alcanzó tal grado que no se la podía dejar sola. Estaba obsesionada con pensamientos de muerte. En ese momento la Cuidadora de Home Instead se puso en marcha. La Cuidadora se aseguró de estar con su cliente el mayor tiempo posible y de que la clienta supiera que podía contar con ella. También charlaban con frecuencia. “Le dije, ‘Si Dios te quiere con Él, ya te llamará.’ Una frase tan simple y directa hizo toda la diferencia del mundo,” cuenta la Cuidadora. “Comenzó a disfrutar de la vida otra vez.”

La Hora del Café

Una clienta de Home Instead de 69 años vivía en una residencia asistida que programaba salidas para tomar un café de manera periódica. Ninguno de los familiares o amigos le animaban a ir hasta que una Cuidadora de Home Instead apareció en escena. La Cuidadora la ayudó a prepararse y la acompañó a la reunión. Cuando estaba ahí, la clienta tocó la taza de café con la cuchara y dijo: “Bueno, señoras y señores, creo que es hora de que nos presentemos y contemos a los demás algo de cada uno.” La Cuidadora se enteró después de que de joven la señora solía asistir a este tipo de reuniones; a los pocos días ya era el centro del grupo. Las reuniones sociales eran parte de un estilo de vida que la clienta pensaba que se había terminado.

Un Amigo para Siempre

Cuando la Cuidadora llegó a casa de su cliente por primera vez, se encontró con un hombre de 90 años parcialmente ciego que le pidió que se acercara lo más posible para poder apreciar su cara. “Me contó cosas sobre él – que era un inmigrante mexicano y que había sido actor,” cuenta la Cuidadora. Me preguntó si sabía cantar, y cuando le contesté que más o menos, comenzó a cantarme rancheras. Su hija se quedó atónita cuando logré convencerlo de que se tomara la mitad de su cena, porque llevaba días que había dejado de comer. Sin embargo, poco después entró en un coma y murió. Tengo la satisfacción de haber pasado ese tiempo con él, si bien breve, y pensar que hice más fáciles sus últimos días. Esa fue mi recompensa: saber que estuve hasta el final reconfortando a alguien.”